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Las Astutas Vacas Sagradas
Las vacas sagradas también son astutas; sólo trate de atrapar
una.
NUEVA DELHI - Se necesitan ocho hombres para atrapar a una ladina vaca callejera, así es que los atrapadores municipales de vacas de Nueva Delhi tienen que apretujarse en la cabina de su camión para el ganado. Hay dos partes de su importante trabajo y sólo una es fácil: encontrar a las vacas. Hacer que las bestias suban al camión es en donde estos trabajadores realmente ganan sus US$ 119 al mes.
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Desde pequeñas, sagradas. |
Se estima que 40,000 vacas vagan por las calles de esta ciudad, y la mayoría parece bien informada de su status sagrado. Son un tratado de impasibilidad, cruzando con lentitud una carretera o, como muchas lo prefieren, relajándose en el carril de vuelta a la derecha de una concurrida intersección.
Los aproximadamente 100 atrapavacas que emplea la ciudad siempre han considerado misericordiosa su ocupación de salvar a creaturas santificadas de estrellarse con un parachoques frontal. "Es un trabajo necesario, aunque mal entendido", dijo Raman Kumar Sharma, un jefe de cuadrilla. "A veces la gente no se da cuenta de que procuramos los mejores intereses de la vaca. Hemos tenido incidentes violentos con las multitudes." Pero en los días actuales su misión ha asumido una urgencia adicional, porque la vaca urbana ha encontrado un nuevo enemigo maligno: la bolsa de plástico para la basura. Con poca hierba para pastar en el pavimentado paisaje urbano, las vacas escarban entre los desperdicios que cada vez con mayor frecuencia son empacados en polietileno.
Los grupos pro derechos animales de Nueva Delhi recientemente han emprendido campañas contra el letal empaque. Las sobras de la mesa pueden ser un buen forraje, dicen, pero la envoltura de plástico no es digerible en ninguno de los cuatro famosos estómagos de las vacas. Quieren desterrar el uso de las bolsas para basura, aunque hasta ahora esto parece improbable. En la India moderna, la utilidad de la bolsa para basura puede ser una fuerza que vaya incluso más allá de la espiritualidad de la vaca. "Dentro de las vacas encontramos vidrio, fierro, alambre, cables eléctricos, zapatos, camisas y navajas para rasurar, pero el asesino real es el plástico", dijo el doctor Vijay Chaudry, un veterinario que tiene un refugio donde los atrapavacas entregan las vacas que capturaron. "Perdemos dos o tres vacas por día, y cuando las abrimos es terrible lo que hallamos. Para ser un animal tan sagrado, mueren de una mala muerte."
Las vacas son tan comunes en la gran ciudad de la India como lo son las luces brillantes en Broadway, y por muy reverenciadas que sean, la mayoría lleva una vida de vagabunda. Son animales indeseados, despedidos porque están viejos y secos, o productores de leche que pertenecen a habitantes de la ciudad que no los alimentan. "Las vacas que todavía son productivas pertenecen a personas que piensan: '¿Por qué debo alimentar a esta vaca cuando ella puede alimentarse a sí misma?''' dijo Sharma, de 36 años, un burócrata cuyo título oficial es inspector de impuestos lácteos. "Estos propietarios a veces nos persiguen cuando nos llevamos sus vacas. Le digo que hay muchas dificultades para este trabajo. Las vacas viejas están cansadas y enfermas, y éstas son fáciles de atrapar. Con las vacas jóvenes y sanas es otra cosa. La vaca es rápida. La vaca es inteligente. La vaca ha aprendido a reconocer nuestro camión."
Los hindúes veneran a la vaca como un símbolo de la maternidad y como dadora de vida. Ciertamente es el pilar de la India rural, ya que proporciona leche y tira de las carretas. El excremento seco de vaca es el combustible de lenta combustión para cocinar preferido por la mayoría de las familias aldeanas. También forma un buen piso duro.
La matanza de vacas - a veces un tema volátil que provoca violencia aquí - está prohibida en la mayoría de los 27 estados de la India, aunque no hay escasez de jugosos bistecs para los que pueden darse el lujo. El bistec se vende en el mercado negro y los carniceros ocasionalmente entregan sus cortes selectos a domicilio. Esta matanza, no tan subrepticia, rara vez se discute en una nación en donde la vaca consagrada parece extrañamente familiar en bulevares que de otra manera están sobrepoblados con carcachas que eructan humo.
Para el atrapavacas, la alta tasa de popularidad del animal es un problema. Cuando se reúne una multitud, siempre hay más gente animando a la vaca que al atrapador. De poco sirve hablarles a los espectadores de las bolsas de plástico y los tractos digestivos obstruidos. "¿Por qué no dejan de torturar al pobre animal?", gritaba un hombre cuando la cuadrilla de Sharma se enfrentaba a su reto más arduo del día, un astado bruto blanco de aspecto formidable.
El disimulo es la principal táctica del atrapavacas. Una vez que se ha deslizado una cuerda sobre la cabeza del animal, las técnicas del vaquero de rodeo generalmente funcionan - el candado, la torsión, el arrastre. "Si agarras las orejas y pones la mano en su hocico, la vaca no se irá", dijo Aji Ram, a sus 60 años el más veterano de la cuadrilla. "Luego alguien tiene que agarrarse a la cola." Cuando los atrapadores la sorprendieron, la gran vaca blanca estaba disfrutando los desperdicios junto a un puesto de verduras a lo largo del atiborrado Okhala Road. Otro animal más despabilado se acababa de escabullir al reconocer el herrumbroso cubo verde que sirve de camión a los atrapavacas. Entonces subió corriendo con agilidad una abrupta pendiente, refugiándose finalmente en un sitio de taxis. La vaca blanca, sin embargo, en un descuido había permitido que le pasaran la cuerda y casi no había nada que pudiera hacer más que usar las tácticas gandhianas de la desobediencia civil. Cada vez que los atrapadores la empujaban cerca de la rampa de su camión, la bestia cojeaba. Si tanto la querían, tendrían que cargarla. Durante 45 minutos, los atrapadores usaron todos sus ardides. Cuando éstos fallaron, usaron sus estacas, deslizando los palos bajo el animal y golpeando su vientre. Al mismo tiempo, Aji Ram tiraba de la cola. Suresh Chand empujaba el ijar. Radha Krishna palmeaba el trasero. Sharma mismo, vestido con una bien planchada camisa azul, nunca tocó a la vaca, pero vigilaba a la multitud, que estaba lista para declarar ganador al animal. "No creo que atrapemos a esta vaca", dijo Sharma suspendiendo la lucha.
De cualquier manera, ya tenían ocho vacas en su camión, una recompensa bastante buena por tres horas de trabajo. Luego llevaron a los animales a las afueras de la ciudad y los liberaron en un gosadan, una especie de refugio para vacas sin hogar. Ahí podían rumiar sus alimentos en relativa tranquilidad, y mientras que su dieta puede no ser tan variada ni tan sabrosa como las sobras de los humanos, de nuevo estaría libre de plásticos.